Isla de Holbox, perfecta para escaparte de la realidad

A pesar de que aún se mantiene relativamente virgen, no hay duda de que la isla de Holbox se está poniendo de moda en México. Me la habían recomendado mucho, había leído sobre ella y estaba en mi lista de lugares a visitar, pero siempre pensaba que como ya conocía bien Quintana Roo, simplemente iba a ser otro lugar hermoso del estado. Pero lo que vi me enamoró.

Para empezar hay que hacer un esfuerzo si realmente se quiere llegar allá. Aunque es una isla, no es un Cozumel al que puedes llegar hasta en crucero, ni una playa escondida cerca de Cancún. No, para llegar a Holbox hay que conducir poco más de dos horas desde Cancún hasta el pueblo de Chiquilá y de ahí tomar un catamarán a Holbox. Más adelante explico lo del transporte.

Holbox es una isla pequeñita, con calles sin pavimentar y donde el medio de transporte es a pie, en bicicleta o en carritos de golf (algunos condicionados como taxi). Lo que antes era un pueblo de pescadores se ha ido convirtiendo poco a poco en el nuevo lugar favorito de los viajeros.

Pueblo de Holbox. Foto © Silvia Lucero

El pueblito es muy chulo, me pareció muy pintoresco y lleno de vida. Nosotros nos hospedamos en un hotel bellísimo llamado CasaSandra Boutique Hotel que estaba muy bien ubicado porque no quedaba retirado del centro, pero tampoco estaba en medio de él.

Me gustó que había muchos murales preciosos. Foto © Silvia Lucero

Me encantó el mural de esta niña. Foto © Silvia Lucero

Cuando llegamos tengo que decir que vi el agua verde y le dije a Patrick, a ver si nos impresiona porque venimos de ver las playas de la Riviera Maya que son increíbles. Primera lección, no juzgues por lo que ves al bajarte del barco, porque Holbox es como un pedacito de cielo que se cayó en el sureste mexicano.

Los colores del agua eran preciosos y la arena blanca llena de conchas, le daba un toque especial. Foto © Silvia Lucero

Del lado opuesto de donde llegan los barcos y lanchas, están las playas que son simplemente perfectas. Arena blanca llena de conchitas, el agua turquesa y en la orilla se ve cristalina, el mar tranquilito y muy bajo. Al menos en la playa frente al hotel, caminamos bastantes metros y el agua apenas nos llegaba a la cintura. Se me hizo ideal para aquellos que viajan con niños.

Las playas de Holbox son tan bonitas y tranquilas. Foto © Silvia Lucero

Como referencia, a la persona que está a lo lejos le llegaba el agua a las piernas. Foto © Silvia Lucero

La primera tarde nos quedamos simplemente disfrutando la playa, acostados en las hamacas, nos metimos al mar y después caminamos un poco para ver el atardecer, aunque en realidad nos ganó el antojo de unas cervezas heladas y nos sentamos en un bar playero para ver desde ahí la puesta de sol.

Atardecer en Holbox. Foto © Silvia Lucero

Después nos fuimos a las tiendas, ya que hay unas boutiques súper lindas, paseamos un poco por el pueblo para ver el ambiente y luego regresamos al hotel porque íbamos a cenar ahí, ya que tiene uno de los mejores restaurantes de la isla. Y el hotel estaba tan lindo que también queríamos disfrutalo un poco.

Boutiques en la calle que llevaba hasta el hotel. Foto © Silvia Lucero

La cena en su restaurante Esencia fue exquisita, cenamos un carpaccio de pulpo, dos platos de pescado en salsas deliciosas y un cheesecake de guayaba riquísimo, como con sabor casero. La cena fue súper romántica y con platos un poco más elaborados, pero todo de primera.

Carpaccio de pulpo en el restaurante del hotel. Foto © Patrick Mreyen

A la mañana siguiente decidimos empezar el día súper temprano porque queríamos tomar fotos de la playa con la primera luz del día y lo mejor fue que todavía nos sorprendió más. Los colores del mar no solo eran más bonitos, había partes de donde aún había marea baja, así que cruzabas caminando una parte del mar que llegaba a las rodillas y luego podías caminar en medio, rodeada de esa agua turquesa.

Caminando en Holbox, cuando la marea estaba baja en ciertas zonas de la playa. Foto © Patrick Mreyen

Yo a ese punto ya estaba enamorada de Holbox y lo mejor era que casi no había gente, unas cuantas parejas, entonces se facilitaba mucho el tomar las fotos. Aunque la verdad es que las imágenes no reflejan la belleza del lugar en su totalidad. Es un lugar que tienes que ver.

Otra cosa que me fascinó es que la isla estaba súper limpia, no había ni un papel tirado en la playa, algo que lamentablemente me ha tocado ver en otros lugares que son hasta biosferas protegidas (sí, te estoy hablando a ti Sian Ka’an y Río Lagartos). Holbox les pone el ejemplo. Hasta ahora, espero que siga así.

Esos colores y el agua cristalina…Foto © Silvia Lucero

Como sólo íbamos por 24 horas, antes de regresarnos comimos unos cocteles de mariscos buenísimos en un restaurante llamado Colibrí, que nos había recomendado un amigo. Y así nos despedimos de Holbox.

Comiendo en Colibrí. Foto © Silvia Lucero


Ahora sí entramos a las preguntas básicas sobre Holbox:
¿Cuánto tiempo ir?
 Yo recomendaría quedarse mínimo una noche para disfrutar la isla de día y de noche. De hecho hay una temporada en la que puedes ver la bioluminiscencia en las playas, que es como si hubiera estrellitas azules fluorescente en el agua.

Hamacas en la playa. Foto © Silvia Lucero

Además llegar toma tiempo, así que mejor tener mínimo 24 horas para disfrutar. Aunque sea una isla pequeñita, hay muchas actividades divertidas como el nado con tiburón ballena, kayak, surf de remo, snorkel o simplemente para desconectarte del mundo, ya que éste es el lugar perfecto para hacerlo.

Hay que quedarse mínimo 24 horas para disfrutar. Foto © Patrick Mreyen

 

¿Cómo llegar?
Hay que ir al pueblo de Chiquilá y de ahí tomar un catamarán o una lancha. Te recomiendo tomar el catamarán, son más grandes y salen con más frecuencia. Hay dos empresas, Holbox Express y 9 Hermanos, ambas manejan los mismos precios de 140 pesos por trayecto, la diferencia es que el Holbox Express sale cada media hora y 9 Hermanos cada hora. El barco está muy bien, lleva hasta aire acondicionado y lo mejor es que en unos 20 minutos ya estás en el paraíso.

Para ir a Chiquilá hay tour operadores que ofrecen transporte desde Cancún (depende en qué lugar de la península te estés hospedando). La otra opción es rentar auto, como no puedes cruzar a la isla con él, en Chiquilá vas a encontrar varios estacionamientos donde puedes dejar tu coche por una cantidad moderada. Nosotros pagamos 100 pesos por 24 horas.

Ferry de la compañía Holbox Express. Foto © Silvia Lucero


¿Aceptan tarjetas de crédito? ¿Hay cajeros automáticos?
La isla tiene mal Internet, así que hay lugares en donde probablemente te van a decir que primero necesitan pasar tu tarjeta y ver si funciona la red, se cargan de 3 a 5% adicionales por la comisión bancaria. Pero fuera de eso hay varios lugares donde sí aceptan tarjeta de crédito. Lo mejor es preguntar primero.

Yo vi tres cajeros automáticos, uno de Bancomer afuera de la alcaldía, otro en el hotel Arena (frente a la plaza principal) y el tercero en el restaurante Et Voilà! en la calle Tiburón Ballena.

Al final de la calle Tiburón Ballena, se llega al mar, donde me llamó la atención este altar. Foto © Silvia Lucero

Casi al final de la calle Tiburón Ballena, está este bar que me pareció muy cool. Foto © Silvia Lucero

No quiero caer en clichés, pero si estás buscando una isla paradisíaca para escaparte de la realidad, tienes que ir a Holbox sobre todo ahora que aún conserva ese feeling de que has dado con el “secreto mejor guardado” del sureste mexicano.

 

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Silvia Lucero es la creadora de La Trotamundos. Periodista y blogger de viajes, ha trabajado y vivido en varias ciudades del mundo y está siempre en busca de nuevas aventuras y experiencias.
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One Response to “Isla de Holbox, perfecta para escaparte de la realidad”
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  1. […] año. Así que con las expectativas muy altas planeamos el viaje a Río Lagartos combinándolo con Holbox y […]