Apoala el alma oaxaqueña en el corazón de Mérida

Gran parte de la satisfacción de viajar te la dan las experiencias gastronómicas y sin duda una de las ciudades donde mejor he comido en México es Yucatán. Pero su capital, Mérida, es una ciudad con tantas opciones que ya no puedes limitarte solo a la cocina tradicional yucateca. En mi última visita a la “ciudad blanca” tuve la oportunidad de cenar en Apoala, un restaurante con alma oaxaqueña.

Restaurante Apoala en el parque Santa Lucía. Foto © Silvia Lucero

Me fascina Mérida, se me hace una ciudad divertida, cultural, dinámica, alegre y sobre todo me gusta que cada vez que voy me sorprende algún lugar. Pero voy a ser honesta, en el sentido gastronómico sólo se me ocurría comer comida típica yucateca. Para mí el ir a Yucatán implicaba comerme mi cochinita pibil.

Ya me habían recomendado en diversas ocasiones el restaurante Apoala. Algunos de los propietarios de los hoteles donde nos habíamos hospedado nos habían dicho que era de los mejores de la ciudad y a decir verdad en un principio pensé ‘pero no vine a comer oaxaqueño a Yucatán’. Juzgué rápido y me equivoqué.

Así que finalmente fuimos a Apoala y hasta terminamos llevándonos una sorpresa que no imaginábamos encontrar escondida en pleno corazón de Mérida que contaré más adelante.

Para empezar el restaurante está ubicado en el parque de Santa Lucía y para nuestra suerte, era jueves. Ahí en el parque se realiza la tradicional serenata yucateca desde 1965 cada jueves. En el altar de la trova realizan un espectáculo de baile, poesía y música yucateca. Apoala tiene una excelente ubicación frente al escenario.

Serenata de los jueves en el parque Santa Lucía en Mérida. Foto © Silvia Lucero

Desde nuestra mesa podíamos ver todo el espectáculo y el ambiente en Santa Lucía, que más que parque es como una plaza con portales rodeada de restaurantes y bares. Así en medio de toda la tradición yucateca, empezó nuestra experiencia culinaria oaxaqueña.

Tengo que empezar mencionando que el servicio del restaurante es excelente. Antes de comer nos dieron una pequeña lección sobre el proceso de elaboración del mezcal. Por ejemplo nos enseñaron a olerlo -frotándonos las manos con mezcal-, a degustarlo, así como la diferencia de sabores entre un mezcal de Durango y uno de Oaxaca. Así que si se empieza con mezcal, ya todo va bien encaminado.

Empezamos con una breve clase sobre el mezcal. Foto © Silvia Lucero

Después empezaron a llegar nuestros platos. Debo mencionar que en realidad el menú no sólo está limitado a la cocina oaxaqueña tradicional, más bien es cocina mexicana con un toque oaxaqueño muy especial que le ha dado los hermanos Arnaud, dueños y creadores de Apoala.

Empezamos con unas “flores en amarillo”, que eran flores de calabaza crujiente, rellenas de queso y bañadas en mole amarillo. De plato fuerte Patrick pidió un pescado esmedregal con puré de maíz y hierba santa y yo como buena carnívora un tasajo oaxaqueño que estaba fabuloso. La comida estaba exquisita, con buenas porciones y todo muy bonito servido.

Flores en amarillo. Foto © Silvia Lucero

Tasajo oaxaqueño. Foto © Silvia Lucero

Pescado esmedregal con puré de maíz y hierba santa. Foto © Patrick Mreyen

Como en el transcurso de la cena nos mencionaron que al finalizar podían llevarnos al bar secreto estilo “speakeasy” (del que ya habíamos escuchado por otra persona de Mérida), donde tenían música en vivo y preparaban unos cocteles deliciosos, decidimos saltarnos el postre y continuar con esos famosos cocteles.

El bar secreto de Mérida
Después de la cena nos llevaron por un estacionamiento a una puerta secreta, que me hizo recordar cuando salía a los bares speakeasy de Nueva York. Entramos a un bar pequeñito, precioso, muy oscuro, iluminado principalmente con velas. Nos sentamos en la barra a disfrutar la música en vivo y nuestros cocteles.

Bar Malahat by Apoala. Foto © Patrick Mreyen

Como no soy muy aficionada de la coctelería, le pedí al bartender que me sorprendiera con algo, siempre y cuando incluyera mezcal, ese sí me encanta, pero estando en un bar de cocteles, no podía dejar de probar al menos uno, o dos…

Primero nos prepararon un Mezcal Sour y un Mayahuel; estaban verdaderamente deliciosos. Mi favorito fue el Mayahuel era tan rico que tuve que pedir también uno porque tenía mezcal, naranja agria, miel de agave y romero. Se me hizo tan diferente, tan fresco.

Mezcal Sour. Foto © Silvia Lucero

Mayahuel, mi coctel favorito. Foto © Silvia Lucero

El servicio excelente en Apoala. Con Arni Murillo GM & Beverage Director de Apoala. Foto © La Trotamundos

Me gustó mucho todo el concepto de Apoala, la comida que es deliciosa, los cocteles, el ambiente, la ubicación, todo. Me gustó haber podido probar algo diferente y en pleno corazón de Mérida.

*Gracias a Apoala por su amable atención. 

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Silvia Lucero es la creadora de La Trotamundos. Periodista y blogger de viajes, ha trabajado y vivido en varias ciudades del mundo y está siempre en busca de nuevas aventuras y experiencias.

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