10 lecciones de vida que me ha dejado el viajar

Seguramente ya habrás leído muchos artículos que hablan de lo mismo, de las enseñanzas que te dejan los viajes, de cómo ves la vida diferente y cómo te cambia la perspectiva sobre el valor de las cosas.

No es que todos los que escribamos sobre viajes exageremos sobre esa “experiencia espiritual viajera”, pero creo que podría generalizar en que a todo aquel que ha viajado, le ha cambiado de manera positiva el salir de casa. Y ojo, no tiene que ser un viaje al extranjero necesariamente, también el viajar dentro de tu país, el conocer tus raíces, te hace crecer.

En mi caso estas son las lecciones más importantes que me ha dejado el tener la oportunidad de salir a ver el mundo.

1. Aprendí a ser más abierta a otras culturas
A veces juzgamos y pensamos que solo nuestras costumbres son las correctas. Cuántas veces has escuchado decir a alguien “ay que horror que sigan esas tradiciones”, sin ponerse a pensar que seguramente aquellos piensen lo mismo de las nuestras. Pero hasta que sales, tienes la oportunidad de ver y entender mejor otras culturas de primera mano. A mí los viajes me han enseñado a ser más abierta y a valorar la importancia de la tolerancia. No hay país mejor o peor, simplemente cada lugar es un mundo diferente y hay que aprender a respetar esas diferencias.

Asilah, Marruecos. Foto © Silvia Lucero


2. Entendí que no hay que caer en estereotipos
Siguiendo un poco con el punto número uno, también tendemos a crear estereotipos y esa es una lección muy fuerte que aprendí viajando, no solo porque yo los tenía, sino porque descubrí que muchos los tenían respecto a los mexicanos. Por eso es mejor viajar con la mente abierta sin hacerse ideas falsas para dejar que el destino turístico y su gente te sorprenda. Si tuviste una mala experiencia con alguien de otra nacionalidad, resulta muy ignorante generalizar por una sola persona ¿no crees?

No, los alemanes no siempre andan vestidos así, aquí estamos en la fiesta del Oktoberfest en Munich. Y los belgas NO son alemanes, como suelen decirle a Patrick. Foto © Silvia Lucero


3. A no atarme a lo material
Cuando te apasiona viajar te cambia la forma de valorar las cosas. Aprendes a que el verdadero valor te lo dan las experiencias que vives y no lo material. Es curioso y seguramente les pasará a muchos, que todo lo contabilizas en torno a los viajes, por ejemplo si alguien te dice que compró unos zapatos, una bolsa o un artículo de lujo carísimo, inmediatamente lo traduces a algo relacionado con viajes: “con ese dinero hubiera comprado un vuelo a Madrid”. Cada quien gasta su dinero en lo que gusta, pero yo aprendí que no necesito lujos para ser feliz, mi felicidad es ver el mundo y vivir sin ataduras.

La satisfacción de haber visto el Cristo Redentor en Río de Janeiro no me la daría ningún objeto de lujo. Foto © Patrick Mreyen


4. A tener siempre curiosidad por conocer
Cada viaje, es aprendizaje. Y entre más aprendes, más curiosidad te da por ver lugares nuevos, aprender sobre otras culturas y tradiciones. Como mencionaba en un principio, ese aprendizaje no tiene que ser necesariamente relacionado a otro país, en lo personal uno de los países que más me ha enseñado de historia, cultura, gastronomía, etcétera, es el mío: México.

Nunca termino de aprender y conocer cosas nuevas en mi país, México. Foto en Palenque, Chiapas. Foto © Patrick Mreyen


5. A superar mis miedos
Esto es algo que en verdad me ayudó muchísimo en mi día a día, porque en los viajes hay que vencer la timidez y los miedos para sobrevivir. Encuentras retos diarios, hay que pedir cosas aunque no sea en tu idioma o arreglar situaciones difíciles de último minuto. Ahora cuando enfrento una situación complicada a veces pienso, “si pude resolverlo en X país donde no hablaban mi idioma, cómo no voy a poder ahora”.

En Viñales, Cuba vencí el miedo a montar a caballo. Foto © Patrick Mreyen


6. A salir de mi zona de confort
Lo más cómodo sería no salir de tu círculo y de tu rutina. Pero resulta que para ver el mundo, hay que salir de tu zona de confort. Los viajes te van a orillar a comer comidas exóticas que en la vida hubieras imaginado probar, a escalar montañas, a desafiar el miedo a la altura y aventarte de una tirolesa, a dormir en lugares nada cómodos, a viajar en el peor autobús, a hacer mil cosas que en la comodidad de tu casa nunca vas a hacer.

Aquí abandoné tooooda comodidad en ese autobús terrible que tomé de Argentina a Bolivia. Foto © Patrick Mreyen


7. A valorar más lo que tengo
Al igual que esos viajes te impulsan a hacer cosas diferentes y dejar la comodidad al lado, también te enseñan a valorar más todo lo que tienes. A veces se visitan lugares de pobreza extrema, que han pasado por guerras terribles o donde no todos tienen las libertades de las que tu disfrutas, lo peor es que ni siquiera te das cuenta de eso. Todas esas experiencias ayudan a valorar aún más todo tu entorno.

Me impactaron mucho las historias de guerra en los países de la ex Yugoslavia. En Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) aún se pueden ver los hoyos de las balas en los edificios. Foto © Silvia Lucero


8. A darme el tiempo para disfrutar de las cosas bonitas
En ocasiones por el trabajo y la rutina no te das tiempo de detenerte a disfrutar un atardecer, caminar en el parque o admirar las cosas más simples y bonitas de la vida. En los viajes aprendí a que hay que darnos tiempo para disfrutar todos esos momentos del día a día que pasamos por alto, que no les prestamos la atención que se merece.

Viendo el atardecer en Nelson, Marlborough, Nueva Zelanda. Foto © Patrick Mreyen


9. A reaccionar ante imprevistos
Si hay algo seguro en los viajes, es que te van a saltar imprevistos. Así seas de esas personas que les gusta viajar con todo 100% estructurado, hay que estar siempre abiertos a cambios de último minuto y a vivir situaciones inesperadas, pero hay que aprender a tomarlo con sentido del humor y sobre todo a disfrutar esos momentos espontáneos de la vida.

Lo que tuvimos que hacer a último minuto para poder llegar a Kosovo, ya que no había trenes. Foto © Silvia Lucero


10. A ser agradecida

El viajar me ha ayudado a ser más agradecida con la vida. Doy gracias por estar viva, por tener la oportunidad de ver diferentes lugares, de conocer gente alrededor del mundo, de no estar atada a cosas materiales. Cada mañana mientras me baño, doy gracias a mi Dios y al universo por todo. También aprendí que en cualquier momento tu vida puede cambiar drásticamente y que nunca sabes cuándo será tu último día, así que porqué no disfrutar cada minuto y cada detalle de ella ¡y a seguir viajando!

Una de las cosas más bonitas de viajar es conocer gente en tu camino, como cuando conocí al contador de historias de Abiquiú, Nuevo México. Foto © Patrick Mreyen

 

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Silvia Lucero es la creadora de La Trotamundos. Periodista y blogger de viajes, ha trabajado y vivido en varias ciudades del mundo y está siempre en busca de nuevas aventuras y experiencias.

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