En carretera por la Escocia de los paisajes y castillos de película

Hay países que se disfrutan más cuando se recorren en carretera, sobre todo cuando las distancias no son tan largas, hay paisajes de película y las carreteras no son tan concurridas. Tal es el caso de Escocia, un país que -en mi opinión- es ideal para descubrirlo tranquilamente en coche.

Nosotros viajamos a Escocia un mes de octubre y aunque le dedicamos 6 días, nos faltó tiempo (como siempre), pero como ese viaje decidimos combinarlo junto con Irlanda, tuvimos que dividir el tiempo y sacrificar cosas en ambos países. Así que volamos de Dublín a Glasgow y ahí empezó nuestra aventura.

En este artículo no me voy a enfocar tanto en Glasgow y Edimburgo, porque ya había escrito otros artículos sobre estas ciudades, así que me enfocaré más en el circuito que hicimos, por si estás buscando ideas para hacer tu propio recorrido en coche. Así que también verás muchas fotos para inspirarte más a recorrer este hermoso país. 😉

Así a grandes rasgos, Glasgow me sorprendió mucho, era una ciudad que tenía muchas ganas de conocer y que en verdad no esperaba que fuera tan bonita y moderna. Como Edimburgo es tan majestuosa por lo general se lleva todas las recomendaciones, pero si viajas a Escocia, no descartes Glasgow para que puedas llevarte esas dos impresiones diferentes.

Auditorio Clyde en Glasgow. Foto © Silvia Lucero

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En Glasgow rentamos el carro y partimos rumbo a Edimburgo, en realidad es un viaje corto como de una hora, pero nosotros nos desviamos un poco para ir a conocer la Capilla Rosslyn, que está a unos 30 minutos de Edimburgo. La capilla es preciosa, se construyó en el siglo XV y la han relacionado con la masonería y los caballeros templarios. Es un lugar que ha inspirado muchas historias y mitos. Fue también uno de los sitios donde buscaron el Santo Grial en El Código Da Vinci.

Capilla Rosslyn en Escocia. Foto © Silvia Lucero

Después llegamos a disfrutar Edimburgo, en verdad es una de las ciudades más bonitas de Europa. La ciudad tiene puntos fascinantes como la famosa ‘Royal Mile’, una calle elegantísima que va desde el castillo hasta el palacio Holyroodhouse, la calle Victoria y el Jardín de los Príncipes.

Royal Mile de Edimburgo. Foto © Silvia Lucero

Pero por suerte como teníamos el carro, también pudimos tomar el tour en el Royal Yacht Britannia, el que fuera el barco de la familia real por más de cuatro décadas y ahora se encuentra anclado afuera de un centro comercial.

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Ahora sí, dejamos a Edimburgo atrás y nos adentramos a la Escocia que creo que todos los viajeros soñamos, llena de castillos y paisajes hermosos. Lo mejor es que hay muchos pueblitos a corta distancia en los que te puedes ir parando a tomar fotos y a comer pescado fresco. Además para nuestra suerte nos tocó muy buen clima, algo frío pero al menos sin lluvia.

En carretera por Escocia. Foto © Silvia Lucero

Nosotros tomamos en su mayoría carreteras pequeñas para poder ver los pueblitos y las ruinas de los castillos. Obviamente son trayectos que toman más tiempo, pero también son muchísimo más lindos que ir en autopista. En el camino de Edimburgo a Inverness, pasamos por pueblos costeros muy pintorescos como Elie, Pittenweem, Anstruther, Crail y paramos a comer en el pueblo histórico de St. Andrews (famoso por sus campos de golf).

Elie, uno de los pueblos costeros por donde pasamos en Escocia. Foto © Patrick Mreyen

Pueblo pesquero de Crail. Foto © Patrick Mreyen

Anstruther. Foto © Silvia Lucero

Pittenweem. Foto © Patrick Mreyen

Después de pasear un poco por St. Andrews continuamos nuestro camino al primer lugar que me dejó boquiabierta: el Castillo de Dunnottar. Un lugar súper aislado donde se encuentran las ruinas de un castillo medieval en un acantilado. No duramos mucho tiempo ahí porque hacía mucho aire y frío, pero el suficiente para tomar muchas fotos del castillo. Además éste forma parte de la Ruta de los Castillos Escoceses.

St. Andrews, el famoso lugar para los golfistas. Foto © Silvia Lucero

Castillo de Dunnottar, el cual forma parte de la Ruta de los Castillos Escoceses. Foto © Patrick Mreyen

Finalmente llegamos a Inverness donde a pesar de que no era tarde -apenas las 9 de la noche- fue toda una odisea encontrar dónde cenar ya que los escoceses cenan muy temprano y no tomamos eso en consideración. Por suerte hallamos una taberna donde probamos el haggis, un plato típico que se hace con pulmón, corazón e hígado de cordero, cebolla, avena y especias. Bueno en realidad Patrick lo comió todo, a mí la verdad no me convenció mucho…

Cenando el primer haggis en Escocia. Foto © Silvia Lucero

Al día siguiente combinamos la costa con las Tierras Altas de Escocia, conduciendo por pequeñas carreteras que nos llevaron por lugares como Tarlogie, Dornoch Firth Viewpoint, Torroble (donde había unas granjas con el ganado típico de Escocia) y así subimos hasta Durness donde hay unas playas bellísimas. Continuamos hacia el North West Highlands Geopark, Ullapool, Gairloch, hasta llegar a nuestro destino final de ese día, la Isla de Skye.

Granja en Torroble con el ganado típico de Escocia. Foto © Patrick Mreyen

Paisajes de los Altos de Escocia. Foto © Patrick Mreyen

North West Highlands Geopark. Foto © Patrick Mreyen

En las playas de Durness. Foto © Patrick Mreyen

Ruinas de Durness. Foto © Patrick Mreyen

Ullapool. Foto © Patrick Mreyen

Finalmente recorrimos la famosa Isla de Skye que al igual que las otras zonas de Escocia, tiene rincones mágicos. Kilt Rock es uno de ellos con sus cascadas que desembocan en el mar ¡impresionante! Y me encantó el colorido pueblo de Portree, donde me hubiera encantado quedarme.

Cascada en Kilt Rock en Skye. Foto © Silvia Lucero

El colorido pueblo de Portree en Skye. Foto © Silvia Lucero

Como los días corrían deprisa y nuestro tiempo en Escocia llegaba casi a su fin, después de ver con algo de rapidez Skye nos regresamos a los highlands, pasando por el Castillo Eilean Donan, uno de los más icónicos del país. Se trata de una construcción bellísima del siglo XIII, con su puente medieval y toda la cosa. Es tan espectacular que por supuesto ha sido escenario de muchas películas.

Castillo Eilean Donan. Foto © Patrick Mreyen

Ese día cerramos con broche de oro porque nuestra última parada turística fue en el mítico Lago Ness (Loch Ness), donde según la leyenda vive el monstruo del lago Ness, también conocido como Nessie.

Buscando a Nessie en el Lago Ness. Foto © Patrick Mreyen

Esa noche dormimos en Fort William y afortunadamente alcanzamos cocina abierta en un lugar muy tradicional llamado Ben Nevis, que estaba ubicado en una calle peatonal empedrada muy linda donde había más bares, restaurantes y comercios.

El último día, antes de regresar a Glasgow para retornar a casa, como el vuelo salía tarde, todavía alcanzamos a parar rápidamente en Ballachulish y en Stirling aunque solo vimos el castillo por fuera, ni modo, para la próxima.

Ballachulish. Foto © Patrick Mreyen

Probablemente parezca un poco acelerado el ver tantos lugares en pocos días, pero las distancias no son largas y las rutas son tan hermosas, que el viaje en carretera en sí se convierte en la principal experiencia de viaje en Escocia.

 

Si te gustaría viajar a Escocia y que organice tu viaje, escríbeme a silvia.lucero@tripdreaming.com.

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Silvia Lucero es la creadora de La Trotamundos. Periodista y blogger de viajes, ha trabajado y vivido en varias ciudades del mundo y está siempre en busca de nuevas aventuras y experiencias.

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