Japón

Distrito de Gion, Kioto. Foto © Silvia Lucero

País: Japón

Lo básico: Población: 126, 475, 664 (según The World Factbook). Moneda: yen. Idioma(s): japonés.

Mi recorrido: Una semana.  El viaje lo hicimos en otoño de 2008, volamos de Nueva York a Tokio, para después tomar el tren a Kioto, donde empezó nuestro recorrido.

Kioto fue mi ciudad favorita, moderna y tradicional. Recuerdo que comimos los mejores noodles en un restaurante llamado Omen. Después de turistear todo el día, nos fuimos en busca de geishas al distrito de Gion. Fue una experiencia súper linda ver la a la primera maiko, aprendiz de geisha, caminando toda apurada, sin cruzar mirada con todos los turistas curiosos que la queríamos fotografiar, pero no nos dimos por vencidos y la seguimos hasta la casa de té. De ahí empezamos a corretear maikos y/o geishas durante horas y logramos tomar fotos preciosas. La experiencia fue única.

Creo que otoño es la mejor época para visitar Kioto, por el cambio de color en los árboles. Estuvimos tres días y pese a la brevedad de tiempo, alcanzamos a visitar muchos de los templos, altares, mercados y jardines que se encuentran dentro y a las afueras de Kioto. Vale la pena tomarse el tiempo en todos los puntos, para caminar por los preciosos jardines, pedir deseos y seguir con algunas de sus tradiciones, como en Kiyomizu-dera, donde toca hacer una fila enorme para beber agua sagrada y después subir a los templos donde se pide por el amor y la prosperidad.

Después nos fuimos a Nara, llegamos a medianoche  y nadie podía ayudarnos porque llevábamos la dirección del hotel escrita en inglés y los taxistas no entendían, no el inglés, la escritura. Un señor muy amable (vale la pena que lo mencione en este blog), se bajó de un autobús y como pudo nos explicó que conocía el hotel y nos quería llevar a él. Después de un día tan cansado, no nos quedó otra que confiar en él. Durante el trayecto, con muy poco inglés y muchos ademanes, nos explicó donde trabajaba, habló de su familia y que conocía al dueño del hotel, al final se quitó un prendedor con la mano de Buda que llevaba en su saco y se lo regaló a mi esposo Patrick. Ya en el hotel pidió hablar con el dueño y nos encargó con él.

En Nara realizamos la caminata por los templos y fuimos “atacados” por los venados bravucones del Parque Nara, que te muerden y jalan las ropas para que les des comida. Todo el recorrido de templos, altares y pagodas es impresionante, por ejemplo el Todaiji tiene la estatua de buda en bronce más grande de Japón y el edificio de madera más grande del mundo.  En la noche salimos rumbo a Koyasan.

Koyasan es un pueblo que se localiza en el Monte Koya, fundado hace más de mil años por  el monje Kukai como sitio sagrado del budismo shingon en Japón. Tuvimos la fortuna de hospedarnos en el templo Eko-in, un lugar impactante donde te permiten ir a meditar con los monjes y hay que seguir un poco sus horarios y estilo de vida (aunque sea por unas horas).  Yo no medito, me quedo dormida (aclaro, respeto muchísimo a los que tienen la disciplina y el autocontrol para hacerlo), soy súper carnívora, me encanta ver televisión y dormirme súper tarde; pero creo que esta fue la experiencia más bonita de mi viaje a Japón. A nuestra llegada los monjes nos llevaron una cena vegetariana deliciosa, después  debimos tomar un baño súper relajante en unas duchas muy calientes –separadas para hombres y mujeres, me toco sola- y finalmente ir a dormir…como a las 9 p.m.

A la mañana siguiente, muy temprano, nos llevaron con ellos a la hora de su meditación y canto de mantras, al final hubo una ceremonia con Ko, el incienso que utilizan para la purificación (según me explicó después un buen amigo budista). La experiencia fue mágica, hasta me olvidé del frío que hacía, ya que únicamente vestíamos el kimono que ellos nos proporcionaron y así poco arropados, tuvimos que cruzar los jardines para llegar a los altares.

Al terminar desayunamos en el monasterio y tomamos el autobús y el tren rumbo a Tokio, nuestro última parada en el país del sol naciente.

Tokio es electrizante, desde el primer día que nos fuimos al cruce famoso de Shibuya ya nos había subido la adrenalina. Pasamos todo el fin de semana ahí, sin perder un minuto de nuestro tiempo para alcanzar a ver lo máximo posible. Vistamos el Palacio Imperial, Templo Sensoji, Ginza, Shibuya, Shinjuku, Roppongi, Aoyama, Mercado de Pescado Tsukiji, etc.

No pudimos terminar mejor nuestro viaje que con un delicioso brunch en el Hotel Park Hyatt, es caro pero vale la pena no solo por la comida, también por la increíble vista panorámica de la ciudad.

¿Qué comer/beber?: Sushi fresco en el mercado de pescado Tsukiji en Tokio.

No te puedes perder… Dormir en un templo budista en Koyasan.

Tips de viaje: Llegar súper temprano al mercado de pescado Tsukiji, entre 6:30-7:00 a.m. como muy tarde.

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Silvia Lucero es la creadora de La Trotamundos. Periodista y blogger de viajes, ha trabajado y vivido en varias ciudades del mundo y está siempre en busca de nuevas aventuras y experiencias.
Comments
6 Responses to “Japón”
  1. Frank says:

    Me gusta su fotos de Tokyo, son muy interessantes!
    Frank (bbqboy)

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